Joan Bennàssar

Brisas 06/07/2002 ¦ Entrevista a Joan Bennàssar

Conversaciones en el estudio

Joan Bennàssar. Pollença, 1950. Tiene su estudio en un pabellón independiente dentro de su finca. Vive rodeado de belleza y su estudio emana el placer que Bennàssar siente con su trabajo, el que lo visita se siente transportado al mediterráneo de Matisse, Picasso y la antigüedad clásica. Su lenguaje se ha formado en un mundo que le pertenece sin haber tenido que tomar nada prestado. La seguridad de su planteamiento no excluye la necesidad de retarse y sorprenderse a sí mismo.

Texto: Mar Estrada, Brisas 06/07/2002

Brisas 06/07/2002 | Entrevista a Joan Bennàssar

Mar Estrada —Su estudio es fabuloso, casi como el sueño de un artista.

Joan Bennàssar —Ha sido construído poco a poco, tengo muy buena luz y cuido mucho la intimidad, no me gusta ser observado. Es un espacio muy mío y es casi el estudio ideal. Soy desordenado, aunque intento ordenarme, y necesito mucho espacio.

M.E. —¿Cómo es su dinámica de trabajo?

J.B. —Trabajo cada día y todo el tiempo, excepto un rato que lo dedico a hacer un poco de deporte. Incluso cuando descanso sigo trabajando, en obras pequeñas o mirando lo que estoy haciendo. Por la mañana subo al piso de arriba desde donde veo los grandes formatos de abajo, empiezo a calentar motores con los dibujos. Trabajo sobre varias obras a la vez, vivo para mi trabajo, todo lo que hago está relacionado con el estudio y la obra. Todas las obras que tengo aquí, incluso las que ya están enmarcadas pueden ser de nuevo retomadas y transformadas, las obras se complementan unas a otras, siendo diferentes es como si fueran la misma.

M.E. —De modo que desde arriba escanea las obras y decide en cuál va a trabajar. ¿No viene con una idea determinada al estudio, el trabajo surge aquí mismo?

J.B. —Hay noches que me acuesto pensando en lo que voy a hacer al día siguiente, con ganas de seguir trabajando en lo que he dejado. Cuando se trabaja a diario se intenta establecer una rutina pero uno se crece cuando es capaz de romperla. A veces siento que controlo demasiado mi obra e intento distorsionarla, es difícil sorprenderse a uno mismo pero hay que buscarlo, yo lo hago cambiando de técnica, de colores, estando preparado para lo que pueda pasar. Desde arriba, donde hago el precalentamiento, me sitúo también anímicamente en el momento que debo para entrar correctamente.

M.E. —Como un torero (risas).

J.B. —Sí, sí está bien el símil, porque a veces es más fácil trabajar a partir del desastre y el miedo que a partir de algo que está ya bien. Continuar un camino tiene más un sentido artesanal que de posesión. Me gusta trabajar poseyendo, como un acto amoroso en el que las dos partes son activas, posees y te dejas poseer y la maravilla surje cuando el otro te sorprende con algo que no te esperas y te creces y tienes que responder, es entonces cuando se produce el clímax.

Brisas 06/07/2002 | Entrevista a Joan Bennàssar

M.E. —¿Cómo equilibra abstracción y figuración?

J.B. —Siempre me he considerado un pintor figurativo. Mi etapa más informal fue la de los años setenta que coincidió con la influencia de Tàpies. Yo veía aquella pintura muy arriesgada, en Mallorca se hacían paisajes en aquella época. Considero que el siglo XX ha liberado a la pintura de la dictadura de la forma y nos ha abierto un campo inmenso donde todo es posible y todo depende del momento. Ahora hay una gran necesidad de aportar cosas nuevas.

M.E. —Y técnicamente, ¿cómo se enfrenta a la tela en blanco?

J.B. —Al principio los pintores sentimos miedo ante la tela blanca, pero llegados a un cierto dominio esto ya no se da tanto porque te has creado un mundo propio y hablas desde ese mundo, desde tu propia visión. Es ya tu manera de mirar y te permite saber leer en la tela, intuir lo que esta te pueda dar. Parto en ocasiones de una base de color, en otras puede ser el goteo de una tela que he mojado demasiado y la escurro sobre otra. Son el azar y el deseo de dar a las telas vida propia, hay que sacarse de encima la sensación atenazante de que pintar es difícil.

M.E. —¿Cree que la cultura ayuda a hacer un mundo mejor?, ¿cómo entiende la función social del artista?

J.B. —La cultura hace más fácil la convivencia. Una persona culta puede leer bien una pintura, hay que tener conocimiento de arte para poder verlo. No lo afirmo con ningún sentido de elitismo. Antes estaba mucho más implicado socialmente. Ahora participo cuando puedo aportar algo y a partir de la visión que tengo de las cosas me he vuelto menos comunicativo y colaborador, valoro mucho mi tiempo. La bestialidad humana y la vulgarización de la cultura son dos realidades muy decepcionantes en las que no quisiera de ningún modo participar.

Brisas 06/07/2002 | Entrevista a Joan Bennàssar

M.E. —¿Siente placer en el acto creativo?

J.B. —Mucho, soy muy apasionado. La técnica no es nunca un problema. Puede ser más complicado qué decir y cómo predisponer mi estado de ánimo. Tengo que sentirme en comunicación con el mundo, de una manera chamánica, ser como un probeta, como un medium.