Joan Bennàssar

Balears 22/02/1998 ¦ Entrevista a Joan Bennàssar

La confesión general de... Joan Bennàssar

(Le pedimos que sea breve, incisivo, ocurrente y que no nos encale descaradamente. Intente no contestarnos con una pregunta: usted es el confesor.)

Texto: Carme Llull, Balears 22/02/1998

Balears 22/02/1998 | Entrevista a Joan Bennàssar

Carme Llull —¿Cuántos años hace que no se confiesa con un confesor de verdad?

Joan Bennàssar —Un buen puñado, y no tengo mala conciencia.

C.Ll. —Si usted lo fuera, confesor, ¿a quién le gustaría poner penitencia? ¿Y cuál?

J.B. —A Giotto, para que pintase tres ángeles y una virgen en los techos de mi casa.

C.Ll. —Bien, ahora confiesese usted: ¿de qué se acusa, que no sea de amar demasiado u otras trivialidades que ennoblecen al pecador?

J.B. —De tener mala voz.

C.Ll. —¿Y de qué más?

J.B. —De ser mal actor.

C.Ll. —¿Cómo considera que merecería ser recordado?

J.B. —Como pintor que lo intenta.

C.Ll. —¿Va al cine cada semana?

J.B. —Veo todo lo que considero que es visible.

C.Ll. —¿Con qué frecuencia va al teatro?

J.B. —Cuando la obra me atrae.

C.Ll. —¿No cree que es muy poco?

J.B. —Sí, pero la calidad de la oferta no es excesiva.

C.Ll. —¿Cuál era el programa del último concierto al que asistió?

J.B.Les Walkiries, de Wagner.

C.Ll. —Y con todo esto, ¿cree que tiene derecho a quejarse de poca oferta cultural?

J.B. —No de poca y sí de superflua.

C.Ll. —Por cierto, ¿no piensa cambiar?

J.B. —No demasiado.

Balears 22/02/1998 | Entrevista a Joan Bennàssar

C.Ll. —¿Cuántas veces ha pensado en dejarlo todo y partir dondequiera?

J.B. —Muchas, pero lo siento como una cobardía.

C.Ll. —¿Cómo se lleva con sus enemigos?

J.B. —Con ignorancia.

C.Ll. —¿Díganos con quién pasaría nueve semanas y media en «La Residencia», de Deià?

J.B. —Sabes el chiste de Joan que confiesa que le gustan todas las mujeres excepto la suya. Y el amigo le contesta «No, a mí la tuya también me gusta». Entonces, con nueve semanas y media por delante yo me llevaría a la mía.

C.Ll. —¿Y a un hostal de carretera?

J.B. —A las otras.

C.Ll. —Va, confiese ese deseo tan secreto que no se había atrevido a manifestar hasta ahora. (No tiene porqué avergonzarse, ahora ya no es como hace un tiempo.)

J.B. —El vídeo-deseo es de una vulgaridad...

C.Ll. —¿Qué mira primero de un hombre?

J.B. —Si lleva pistola.

C.Ll. —¿Y de una mujer?

J.B. —Si no la lleva.

C.Ll. —¿Quién asociaría a qué vegetal?

J.B. —La comparación sería ofensiva para las acelgas y las enredaderas trepadoras.

C.Ll. —¿Y quién a qué animal?

J.B. —Apeles a una babosa.

C.Ll. —¿Por quién se cambiaría una semana?

J.B. —Digamos que me gustaría la experiencia de ser una mujer.

C.Ll. —¿Y durante dos horas?

J.B. —Con dos horas tan sólo se puede ser Dios.

C.Ll. —¿Qué libro atenta más, a su parecer, al vicio de leer?

J.B.El Danubio, de Claudio Magris.

C.Ll. —¿De cuántos libros ha podido abandonar la lectura?

J.B. —De muchos y cada vez más.

C.Ll. —¿De qué pintura ha pensado que era una tontería?

J.B. —De esta que, demasiado conceptualizada y americanizada, hace bandera la modernidad.

C.Ll. —Por contra, ¿de qué pintura ha creído recibir un mensaje muy personal?

J.B. —De la mediterránea: Grecia, Roma, Egipto...

C.Ll. —¿Qué mensaje, si puede saberse?

J.B. —El del ser humano con mensaje utópico.

C.Ll. —Díganos una cursilada, va.

J.B. —Me gustan los calzoncillos bien amplios.

C.Ll. —Y ahora, una sentencia de cosecha propia que considere profunda.

J.B. —El camino se ha perdido por los bordes, esto facilita que nos roben la gasolina.

C.Ll. —Y para acabar, una parida, ¡venga!

J.B. —Qué puedes esperar del día que estás obligado a madrugar.